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DECLARAN A LOS ORGANILLEROS DE CDMX COMO PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL

Esta decisión fue aprobada por la Comisión Interinstitucional de la Secretaría de Cultura capitalina, en un paso crucial para la preservación de este oficio forma parte del paisaje sonoro de la CDMX.

Su sonido como identidad chilanga

Las melodías que produce el organillo son parte del folklore mexicano y están ya incrustados en la cultura popular mexicana, convirtiendo sin duda alguna a los organilleros en parte fundamental de la identidad capitalina: los paseos por la Alameda Central, el recorrido por Madero o la visita al Zócalo no serían lo mismo sin su melodía.

Este reconocimiento no sólo honra al oficio, sino que también expone cómo en la capital mexicana se avanza por la defensa y preservación de aquellos elementos representativos, como los rótulos en puestos de comida callejera, el danzón y quedan en el limbo otros oficios como los boleros.

Una tradición con más de un siglo

La figura del organillero, con su icónica indumentaria y el sonido nostálgico del organillo, llegó a México a finales del siglo XIX, importado desde Alemania. A pesar del paso del tiempo y las transformaciones de la ciudad, esta práctica ha logrado mantenerse vigente, concentrando a la mayoría de sus practicantes en la Ciudad de México.

Representantes del gremio han destacado la importancia de este reconocimiento, señalando la urgencia de proteger a un sector que históricamente ha estado en situación de vulnerabilidad y que hoy se ve fortalecido en su lucha por la continuidad y mejoras laborales.

Tras la aprobación, se instruyó la elaboración del decreto correspondiente, el cual deberá ser firmado por la Jefatura de Gobierno y publicado en la Gaceta Oficial capitalina. Además, se deberá elaborar un Plan de Manejo y Salvaguarda en coordinación con instituciones académicas.

Desde temprano, los encargados de realizar este oficio recorren las calles de la CDMX para, interpretar clásicos de la música mexicana esperando recibir alguna moneda o mínimo, una sonrisa; quizás, para los locales sea ya algo cotidiano pero para los turistas extranjeros y para los que no pierden la capacidad de asombro, su sonido amplifica la experiencia de estar en nuestra metrópoli y enriquece los valores culturales que esta posee.